No es que no quieras comer mejor.
Es que estás cansada de tener que pensar qué comer todo el tiempo.
7:30 de la mañana. Abrís la heladera. Mirás. Pensás. No sabés qué preparar.
Llegan las 13:00 y vuelve la misma pregunta. ¿Qué almuerzo?
A la tarde: ¿qué meriendo?
Y a la noche, después de un día entero: ¿qué hago de comer?
Y mañana vuelve a empezar.






